Transcripción de las palabras de la Directora General del Instituto de Atención al Adulto Mayor, Rosa Icela Rodríguez, durante la entrega de credenciales a adultos de 68 años, en el Auditorio Nacional.
Muy buenos días al licenciado Marcelo Ebrard Casaubon, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Buenos días a los distinguidos integrantes del gabinete del licenciado Marcelo Ebrard. Buenos días a las adultas y adultos mayores, a los señores diputados locales, a los diputados federales, a los invitados especiales del licenciado Ebrard, a los empresarios, a los líderes de organizaciones sociales, de comerciantes, a los vecinos de las colonias que trabajan por la ciudad de México.
Buenos días a las educadoras comunitarias y a los médicos del Instituto para la Atención de los Adultos Mayores, anfitriones hoy en este monumental recinto en donde damos una cálida bienvenida a todos los adultos mayores y a sus familiares.
Señoras y señores, hoy es un festejo muy importante para todos, porque hoy se marca el arranque de la entrega de la tarjeta de la pensión alimentaria a los adultos mayores de 68 años que el gobierno de Marcelo Ebrard otorgará a todos los que cumplan con dos requisitos: tener 68 años cumplidos a partir del 1 de septiembre y ser residentes de la Ciudad de México cuando menos los últimos tres años.
A la fecha son 434 mil los adultos mayores beneficiarios de la pensión alimentaria y para el años próximo serán 100 mil más, los que también tienen derecho a transporte público gratuito, atención médica y medicamentos gratuitos, entre otros programas con los cuales la ciudad y su gobierno quieren retribuir los esfuerzos y el trabajo que han realizado durante toda su vida.
Esta decisión se suma a las políticas públicas que ha tomado el gobierno de Marcelo Ebrard para cumplir con el compromiso de equidad que distingue a su gobierno.
Hoy sólo suplico unos momentos de su atención para leer y una cartita de las muchas que las y los pensionados le envían a su Jefe de Gobierno.
“Marcelo: perdona que te interrumpa en el trabajo, pero quiero que me dediques un momentito para que decirte varias cosas. Se de antemano que quizá nunca lleguen a tus manos estos garabatos, pero le pido a Dios que la señorita que selle esta carta no la mande al archivo sino que se la pueda poner en el escritorio para que vea lo que le digo a título personal, porque yo ya viví muchos años, casi se me olvidan cuántos.
Marcelo, sí se llega a viejo con muchas dificultades, no te voy a decir que es fácil porque te mentiría. A veces siento que se olvidan de mí mis hijos, que no me llaman ni vienen a verme, en ocasiones volteo a ver el aparato y pasan días, a veces semanas y no repica. Y no se acuerda de mí tampoco mi hermano Luis, ni mi prima Elena, ni Lupita, ni Carolina, ni Luis.
Y pasan las madrugadas y las tardes sin que nadie me busque y me llega una sensación de inmensa soledad. Luego me consuelo pensando que ellos están en sus trabajos o con sus hijos o con mis nietos o viendo el futbol o en el cine o en la escuela, en sus ocupaciones.
Siento que para la mayoría de ellos yo ya no cuento, a veces, la verdad, me siento como un mueble arrumbado. Cuando me encuentro con conocidos más jóvenes me intento acercar con ellos pero siento su rechazo, hablan de mí como si yo no existiera, la verdad es que sí tengo un poquito de sordera, pero sí me doy cuenta cuando me ignoran.
No, para que decirte, no, no me tratan mal, solo no me escuchan y no me platican y eso es lo que yo añoraba, una gente con quien platicar, porque desde que se murió Juan ya nadie platica conmigo, porque decían que sólo hablo de mis achaques.
Últimamente Marcelo, una vecina me dijo que ya estaban inscribiendo para la pensión del Gobierno de la Ciudad de México, que fuera yo porque ya estaba en edad. Fui y luego me visitó una señorita que dijo que venía de tu parte Marcelo. Era una educadora del Instituto del Adulto Mayor y me preguntó y le conté de mis enfermedades, me escuchó con atención y me dio compañía por un largo rato en varias ocasiones.
Cuando se retiraba ya no sentía agobio, porque además el día siguiente llegó con un médico quien me dijo que el diagnóstico era de una enfermedad llamada depresión. Hablaron con mis hijos. Desde ese día he trabajado con la educadora y con el doctor, quien me visita en mi domicilio de vez en cuando y me dio medicinas y la verdad, el doctor también me quitó algunos medicamentos que estaba tomando de más desde hace mucho tiempo y me dijo que eran las que me producían mayor cansancio.
Pero para lo que yo te escribí esta cartita es para decirte también que estamos muy agradecidos con el apoyo que nos das con la pensión alimentaria de $822 pesos mensuales.
Mi vida cambió y me dio seguridad esta tarjeta, cuando voy por la despensa compro leche, pan, frijoles, tortillas, galletas, arroz, aceite y a veces hasta carne y dulces.
Marcelo, regreso con mucho gusto de hacer compras de alimentos con lo que tu gobierno nos ayuda, sobre todo en este momento de crisis. Gracias Marcelo, gracias de todo corazón, porque yo siempre había creído que los ángeles existían y ahora tengo el mío propio. Nunca se me olvidará esto. Señora Raquel Molina”.
Muchas gracias por su atención.
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