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Jueves, 22 de octubre de 2009


Transcripción de las palabras del secretario de Desarrollo Social, Martí Batres Guadarrama, al presentar el Primer Informe de la Red Interinstitucional de Atención a la Diversidad Sexual, en el lobby de la dependencia, Plaza de la Constitución No. 1, Tercer Piso, Centro Histórico.


Muchas gracias, compañeras y compañeros, servidores públicos, servidoras públicas y compañeras y compañeros de las organizaciones que están con nosotros.

Nosotros decimos en la Ley de Desarrollo Social, en el proemio del Programa de Desarrollo Social del Distrito Federal y en los Lineamientos de la Política Social del DF que la política social en el Distrito Federal tiene múltiples características.

Es, obviamente, una política que lucha por la igualdad contra la pobreza, contra la exclusión, pero es además una política que lucha contra toda forma de discriminación y contra la desigualdad en todos los planos, entendiendo que la desigualdad no sólo es entre pobres y ricos, siendo éste un eje fundamental de nuestra atención, o la desigualdad también es entre hombres y mujeres, la desigualdad es también entre territorios, la desigualdad también es entre personas que tienen diferentes preferencias sexuales y tienen un trato distinto del Estado y de la sociedad.

Hay, entonces, diversos planos de la desigualdad y como la desigualdad tiene muchas formas, las políticas que busquen la igualdad también deben enfrentar estas diversas formas y modalidades para poder lograr una plena igualdad.

La Dirección que atiende esta problemática directamente –es una dirección de la Secretaría de Desarrollo Social– se llama ahora Dirección de Igualdad y Diversidad Social. Busca englobar este concepto, entendiendo que la igualdad pasa por diversos planos económicos, sociales, culturales y de diverso tipo, y que por lo tanto se tiene que entender la lucha por la igualdad como una lucha que al mismo tiempo es por la diversidad. Igualdad no es uniformidad, igualdad es el derecho de todos siendo diferentes.

Bueno, si nuestra visión es una visión de política social mucho más compleja, entendemos que una de nuestras obligaciones es atender una problemática que no ha tenido una atención central del Estado Mexicano, que es el tema de la diversidad sexual. Así que nosotros decimos: en el plano de la diversidad hay diversidad cultural, hay diversidad étnica, hay diversidad lingüística, hay diversidad de familias, hay diversidad sexual y todo ello debe ser atendido por el Gobierno de la Ciudad, respetado y estimulado.

Esta problemática no sólo es un respeto a dicha diversidad, sino que asume un conjunto de problemáticas sociales también porque, por ejemplo –como sabemos–, toda la lucha que implica el tema del VIH tiene consecuencias de salud muy fuertes.

No sólo entonces es el respeto a ser diferentes, sino que la discriminación conlleva consecuencias gravísimas y terribles en la salud de muchas personas de ciertos grupos sociales específicos, grupos sociales que se encuentran con mayor riesgo de tener ciertas enfermedades.

Si eso no lo entendemos, si eso lo desconocemos, entonces muchos más morirán o enfermarán por la falta de una visión adecuada en la lucha contra la discriminación, que tiene esta connotación de salud, pero también –por ejemplo– hay un conjunto de formas distintas de familias que en la cultura dominante no se comprenden, no se entienden, no se advierten.

Ahora que en el 2008 realizamos el Segundo Congreso de Familia nos acompañó el presidente del Tribunal Superior de Justicia y expresó una frase pequeña pero contundente, en donde afirmaba él que familias son también aquellas que son encabezadas por una mujer como jefa de familia, donde no hay compañero, y familias son también aquellas donde dos personas del mismo sexo se unen para la comunidad de vida, entre muchas otras formas.

Pero si nosotros analizamos las consecuencias que tiene una visión cultural dominante, excluyente, en el tema de los derechos sociales de las familias en cuanto a viviendas y otros, no están contempladas –vamos a ver– todas las formas de familia en realidad.

Y una tercera consecuencia social –que me parece también importante señalar– se da en el tema del empleo. El empleo de muchas personas de la comunidad lésbico–gay está constreñido a estereotipos muy marcados por la sociedad; si, por ejemplo, estéticas o este tipo de cuestiones, ahí están constreñidos por los estereotipos dominantes ciertas alternativas de empleo y en muchos casos la discriminación lo que hace es excluir la posibilidad de acceder a cualquier tipo de empleo que debería ofrecerse a toda persona de nuestra sociedad.

Ésta, pues, ha sido una lucha larga y difícil. En alguna plática comentábamos a manera de anécdota que ya en los años posteriores a la reforma política, en las movilizaciones sociales que sucedían, yo recuerdo que había un contingente que iba a las marchas del FHAR, del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, y gritaba: “No hay reforma política sin libertad sexual”. Bueno, estoy hablando de 1980, 1981, se expresaba ya un anhelo de otro tipo de reformas, de modificaciones legislativas, que poco a poco y de manera compleja se ha venido concretando.

La llegada al Gobierno y a la Asamblea Legislativa de una mayoría de izquierda en la ciudad abrió un horizonte no exento de dificultades para nuevas modificaciones.

En el año de 1998 se discutió en la Asamblea una Reforma a propósito de que se aumentaron las penas para castigar la pornografía y la prostitución infantil se abrió la veta -–ésa fue una reforma avanzada–, pero abrió a su vez la veta de otra discusión porque en el tipo penal que establecía el delito de corrupción de menores se decía que se aplicará la pena de tal, de tantos días y de tantos años y no sé cuánto a aquel que induzca a un menor al alcoholismo, la drogadicción, el robo, la homosexualidad, etcétera, haciendo una analogía del término de homosexualidad con conductas delictivas, desconociendo que puede haber una corrupción de menores también desde la esfera heterosexual, más frecuente simplemente por el número de habitantes que tienen una orientación heterosexual.

Se hizo una reforma para eliminar esta estigmatización y en el año del 98, ese mismo año se realizó el Primer Foro de Diversidad Sexual en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. De hecho, durante ese trienio dos legisladores –uno en la Cámara federal, otro a nivel local; Patria Jiménez en la Cámara federal, David Sánchez Camacho en la Asamblea Legislativa– promovieron sendas reformas en estas materias.

En 1999 se estableció el delito de discriminación, que es claro cuando señala discriminación por razones de lengua, color, etnia, condición social, condición de salud, preferencia sexual, etcétera, etcétera. Cuando se hizo la reforma en materia de discriminación a la Constitución en el año 2001, junto con aquella cuestionada reforma de indígenas, se agregó en el Artículo Primero de la Constitución también una numeración de motivos de discriminación, pero no se atrevieron los legisladores a poner “preferencia sexual”. Dice “preferencias”, o sea, puede ser preferencias de helado, de vainilla, de chocolate, pero ahí se quedó coja la reforma. Sin embargo, en el Código Penal del Distrito Federal se fue muy claro desde el 99.

En el año 2006 se aprueba la Ley de Sociedad en Convivencia y a partir de principios del 2007 impulsamos desde la Secretaría de Desarrollo Social un programa de diversidad sexual con varias expresiones. Uno fue el apoyo a un conjunto de organizaciones de la sociedad civil y, sobre todo, un empeño fuerte en el tema de la capacitación porque, como dice Víctor, luego puede haber una posición de avanzada de los funcionarios responsables o titulares de las áreas, pero a la hora que se toca una ventanilla puede ser que no se tiene la misma posición, sobre todo en las áreas de mayor dureza del Estado: policías, ministerios públicos, magistraturas; es decir, donde está la tradición jurídica más dura, ahí luego es difícil que estas transformaciones vayan bajando.

Por eso el tema de la capacitación es fundamental porque se da ahí una postura pública del gobierno, pero el policía dice: “Mira, a esos que tienen el pelo pintado, te los agarran y se los llevan a los separos”. Ahí, entonces, no se advierte el cambio en la transformación de la concepción o de las políticas no discriminatorias del Estado.

De hecho en nuestros días, en toda la sociedad mexicana, seguimos viviendo una violencia discriminatoria brutal que se manifiesta desde las formas más sutiles hasta el escarnio público, la exclusión de espacios públicos y privados, la violencia verbal y física, e incluso, el homicidio.

Recientemente la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó fuertes agravantes a los delitos cometidos con saña motivo de la discriminación de algún tipo, llamados “delitos de odio”.

El día de hoy estamos nosotros refrendando nuestro compromiso con esta lucha entera, compleja, global, por la igualdad en todos los órdenes y, por supuesto, con esta red interinstitucional de acción en el campo de la diversidad sexual, estamos refrendando una concepción que queremos que se vaya materializando de manera transversal en todas las áreas del Gobierno del Distrito Federal.

Así, los puntos que el Programa de Derechos Humanos contiene en materia de atención a la comunidad de la diversidad sexual, lo que estamos asumiendo para ir ejecutando, realizando, cumpliendo y de esta manera continuar profundizando transformaciones que han comenzado en la Ciudad de México, que sin duda es la ciudad más avanzada en todo el país, la entidad más avanzada en todo el país y que queremos que se siga profundizando.

No debemos dar marcha atrás, sino seguir avanzando en estos temas para que nuestra sociedad sea algún día una sociedad plenamente incluyente y libertaria. Muchas gracias, compañeras y compañeros.





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